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martes, 29 de julio de 2014

RENÉ DESCARTES Y EL RACIONALISMO




Objetivo: Acercarnos al pensamiento filosófico de Descartes, su método y la fundamentación  de la ciencia.

RENÉ DESCARTES Y EL MÉTODO




Con  René Descartes aparece la Filosofía Moderna, abandonando el enfoque realista: ¨ ¿Qué es la realidad?¨ Y se plantea: ¨ ¿Cómo llegar a la verdad, al conocimiento?¨.
Se busca ante todo un método.
Se considera a Descartes el fundador del Racionalismo.  El método cartesiano, es un procedimiento para hallar la verdad.
Se le considera también como el padre de la filosofía moderna.

DESCARTES: Con René Descartes  se da el paso decisivo  del Renacimiento a la Edad Moderna.
1.     ¨ Pienso, luego existo ¨
2.    ¨ La razón o el juicio es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales ¨ 

René Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en La Haye en Touraine, cerca de Poitiers. Desde 1967 La Haye se llama Descartes en honor al filósofo.  Falleció a los 53 años de edad.
¨ René Descartes fue uno de los grandes talentos de la humanidad en disciplinas  tan distintas como la matemática, la ciencia y la filosofía.
Descartes se preguntó  ¿cómo tener la certeza de  que lo que nosotros creemos que es verdad, lo es auténticamente? Creemos que alguna cosa es verdad, pero ¿cómo tener la certeza de que lo es? ¿Cómo sabemos que no nos engañamos?
Ello hacía indispensable poseer un Método fundado en la Razón humana, que diera al hombre los elementos necesarios  para llegar al conocimiento verdadero y al dominio del mundo. Esa convicción lo lleva a determinar las reglas y forma de aplicación de ese método:

Las reglas del método 

¿Cuál es el camino que se puede seguir para  llegar al conocimiento y a la verdad? La clave de su búsqueda es el método, que quiere decir camino, que es lo primero que busca Descartes. Un sendero que nos lleve  a ideas que nos resulten claras y distintas.
Son las reglas del método:
  1. El llamado precepto de la evidencia (o también, de la duda metódica): No admitir nunca algo como verdadero, si no consta con evidencia que lo es, es decir, no asentir más que a aquello que no haya ocasión de dudar, evitando la precipitación y la prevención.
  2. El precepto del análisis: Dividir las dificultades que tengamos en tantas partes como sea preciso, para solucionarlas mejor.
  3. El precepto de la síntesis: Establecer un orden de nuestros pensamientos, incluso entre aquellas partes que no estén ligadas por un orden natural, apoyándonos en la solución de las cuestiones más simples (que Descartes llama "naturalezas simples") hasta resolver los problemas más complejos a nuestro alcance.
  4. El precepto de control: Hacer siempre revisiones amplias para estar seguros de no haber omitido nada.
El Discurso del Método  es considerado por unanimidad como el principio del pensamiento filosófico moderno de Occidente

Algunas frases célebres de Descartes:

Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
Pienso, luego existo.
La razón o el juicio es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales.
Despréndete de todas las impresiones de los sentidos y de la imaginación, y no te fíes sino de la razón.

ACTIVIDAD:

1.       Elabora una corta reseña biográfica de René Descartes, especificando su importancia filosófica y la actualidad de su pensamiento.
2.    Elabora un escrito (reflexivo y argumentativo)  corto,  acerca de la  frase de Descartes: “La razón o el juicio es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales.”
3.    ¿Qué es el método cartesiano (de Descartes)?
4.    Enumere y dé una corta explicación acerca de las reglas del método.
5.    Descartes es considerado como “el padre de la filosofía moderna”. ¿En qué consiste lo que se denomina “filosofía moderna? ¿Cuál es el objeto de pensamiento o reflexión filosófica de ésta?

(Sus respuestas en el cuaderno)

lunes, 21 de julio de 2014

LA ILUSTRACIÓN KANTIANA



Objetivo: Reflexionar acerca de la importancia de alcanzar la libertad, a través del uso de la razón (entendimiento).

Respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración?
Emmanuel Kant


La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad...

El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.
La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea. Como la mayoría de los hombres (y entre ellos la totalidad del bello sexo) tienen por muy peligroso el paso a la mayoría de edad, fuera de ser penoso, aquellos tutores ya se han cuidado muy amablemente de tomar sobre sí semejante superintendencia. Después de haber atontado sus reses domesticadas, de modo que estas pacíficas criaturas no osan dar un solo paso fuera de las andaderas en que están metidas, les mostraron el riesgo que las amenaza si intentan marchar solas. Lo cierto es que ese riesgo no es tan grande, pues después de algunas caídas habrían aprendido a caminar; pero los ejemplos de esos accidentes por lo común producen timidez y espanto, y alejan todo ulterior intento de rehacer semejante experiencia.
Por tanto, a cada hombre individual le es difícil salir de la minoría de edad, casi convertida en naturaleza suya; inclusive, le ha cobrado afición. Por el momento es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás se le deja hacer dicho ensayo. Los grillos que atan a la persistente minoría de edad están dados por reglamentos y fórmulas: instrumentos mecánicos de un uso racional, o mejor de un abuso de sus dotes naturales. Por no estar habituado a los movimientos libres, quien se desprenda de esos grillos quizá diera un inseguro salto por encima de alguna estrechísima zanja. Por eso, sólo son pocos los que, por esfuerzo del propio espíritu, logran salir de la minoría de edad y andar, sin embargo, con seguro paso.
Pero, en cambio, es posible que el público se ilustre a sí mismo, siempre que se le deje en libertad; incluso, casi es inevitable. En efecto, siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí mismos, hasta entre los tutores instituidos por la confusa masa. Ellos, después de haber rechazado el yugo de la minoría de edad, ensancharán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene: la de pensar por sí mismo. Notemos en particular que con anterioridad los tutores habían puesto al público bajo ese yugo, estando después obligados a someterse al mismo. Tal cosa ocurre cuando algunos, por sí mismos incapaces de toda ilustración, los incitan a la sublevación: tan dañoso es inculcar prejuicios, ya que ellos terminan por vengarse de los que han sido sus autores o propagadores. Luego, el público puede alcanzar ilustración sólo lentamente. Quizá por una revolución sea posible producir la caída del despotismo personal o de alguna opresión interesada y ambiciosa; pero jamás se logrará por este camino la verdadera reforma del modo de pensar, sino que surgirán nuevos prejuicios que, como los antiguos, servirán de andaderas para la mayor parte de la masa, privada de pensamiento.
Sin embargo, para esa ilustración sólo se exige libertad y, por cierto, la más inofensiva de todas las que llevan tal nombre, a saber, la libertad de hacer un uso público de la propia razón, en cualquier dominio. Pero oigo exclamar por doquier: ¡no razones! El oficial dice: ¡no razones, adiéstrate! El financista: ¡no razones y paga! El pastor: ¡no razones, ten fe! (Un único señor dice en el mundo: ¡razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced!) Por todos lados, pues, encontramos limitaciones de la libertad. Pero ¿cuál de ellas impide la ilustración y cuáles, por el contrario, la fomentan? He aquí mi respuesta: el uso público de la razón siempre debe ser libre, y es el único que puede producir la ilustración de los hombres. El uso privado, en cambio, ha de ser con frecuencia severamente limitado, sin que se obstaculice de un modo particular el progreso de la ilustración. Entiendo por uso público de la propia razón el que alguien hace de ella, en cuanto docto, y ante la totalidad del público del mundo de lectores. Llamo uso privado al empleo de la razón que se le permite al hombre dentro de un puesto civil o de una función que se le confía. Ahora bien, en muchas ocupaciones concernientes al interés de la comunidad son necesarios ciertos mecanismos, por medio de los cuales algunos de sus miembros se tienen que comportar de modo meramente pasivo, para que, mediante cierta unanimidad artificial, el gobierno los dirija hacia fines públicos, o al menos, para que se limite la destrucción de los mismos. Como es natural, en este caso no es permitido razonar, sino que se necesita obedecer. Pero en cuanto a esta parte de la máquina, se la considera miembro de una comunidad íntegra o, incluso, de la sociedad cosmopolita; en cuanto se la estima en su calidad de docto que, mediante escritos, se dirige a un público en sentido propio, puede razonar sobre todo, sin que por ello padezcan las ocupaciones que en parte le son asignadas en cuanto miembro pasivo. Así, por ejemplo, sería muy peligroso si un oficial, que debe obedecer al superior, se pusiera a argumentar en voz alta, estando de servicio, acerca de la conveniencia o inutilidad de la orden recibida. Tiene que obedecer. Pero no se le puede prohibir con justicia hacer observaciones, en cuanto docto, acerca de los defectos del servicio militar y presentarlas ante el juicio del público. El ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados, tanto que una censura impertinente a esa carga, en el momento que deba pagarla, puede ser castigada por escandalosa (pues podría ocasionar resistencias generales). Pero, sin embargo, no actuará en contra del deber de un ciudadano si, como docto, manifiesta públicamente sus ideas acerca de la inconveniencia o injusticia de tales impuestos. De la misma manera, un sacerdote está obligado a enseñar a sus catecúmenos y a su comunidad según el símbolo de la Iglesia a que sirve, puesto que ha sido admitido en ella con esa condición. Pero, como docto, tiene plena libertad, y hasta la misión, de comunicar al público sus ideas cuidadosamente examinadas y bien intencionadas acerca de los defectos de ese símbolo; es decir, debe exponer al público las proposiciones relativas a un mejoramiento de las instituciones, referidas a la religión y a la Iglesia. En esto no hay nada que pueda provocar en él escrúpulos de conciencia. Presentará lo que enseña en virtud de su función en tanto conductor de la Iglesia como algo que no ha de enseñar con arbitraria libertad, y según sus propias opiniones, porque se ha comprometido a predicar de acuerdo con prescripciones y en nombre de una autoridad ajena. Dirá: nuestra Iglesia enseña esto o aquello, para lo cual se sirve de determinados argumentos. En tal ocasión deducirá todo lo que es útil para su comunidad de proposiciones a las que él mismo no se sometería con plena convicción; pero se ha comprometido a exponerlas, porque no es absolutamente imposible que en ellas se oculte cierta verdad que, al menos, no es en todos los casos contraria a la religión íntima. Si no creyese esto último, no podría conservar su función sin sentir los reproches de su conciencia moral, y tendría que renunciar. Luego el uso que un predicador hace de su razón ante la comunidad es meramente privado, puesto que dicha comunidad sólo constituye una reunión familiar, por amplia que sea. Con respecto a la misma, el sacerdote no es libre, ni tampoco debe serlo, puesto que ejecuta una orden que le es extraña. Como docto, en cambio, que habla mediante escritos al público, propiamente dicho, es decir, al mundo, el sacerdote gozará, dentro del uso público de su razón, de una ilimitada libertad para servirse de la misma y, de ese modo, para hablar en nombre propio. En efecto, pretender que los tutores del pueblo (en cuestiones espirituales) sean también menores de edad, constituye un absurdo capaz de desembocar en la eternización de la insensatez.
Pero una sociedad eclesiástica tal, un sínodo semejante de la Iglesia, es decir, una classis de reverendos (como la llaman los holandeses) ¿no podría acaso comprometerse y jurar sobre algún símbolo invariable que llevaría así a una incesante y suprema tutela sobre cada uno de sus miembros y, mediante ellos, sobre el pueblo? ¿De ese modo no lograría eternizarse? Digo que es absolutamente imposible. Semejante contrato, que excluiría para siempre toda ulterior ilustración del género humano es, en sí mismo, sin más nulo e inexistente, aunque fuera confirmado por el poder supremo, el congreso y los más solemnes tratados de paz. Una época no se puede obligar ni juramentar para poner a la siguiente en la condición de que le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes), purificarlos de errores y, en general, promover la ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya destinación originaria consiste, justamente, en ese progresar. La posteridad está plenamente justificada para rechazar aquellos decretos, aceptados de modo incompetente y criminal. La piedra de toque de todo lo que se puede decidir como ley para un pueblo yace en esta cuestión: ¿un pueblo podría imponerse a sí mismo semejante ley? Eso podría ocurrir si por así decirlo, tuviese la esperanza de alcanzar, en corto y determinado tiempo, una ley mejor, capaz de introducir cierta ordenación. Pero, al mismo tiempo, cada ciudadano, principalmente los sacerdotes, en calidad de doctos, debieran tener libertad de llevar sus observaciones públicamente, es decir, por escrito, acerca de los defectos de la actual institución. Mientras tanto hasta que la intelección de la cualidad de estos asuntos se hubiese extendido lo suficiente y estuviese confirmada, de tal modo que el acuerdo de su voces (aunque no la de todos) pudiera elevar ante el trono una propuesta para proteger las comunidades que se habían unido en una dirección modificada de la religión, según los conceptos propios de una comprensión más ilustrada, sin impedir que los que quieran permanecer fieles a la antigua lo hagan así mientras tanto, pues, perduraría el orden establecido. Pero constituye algo absolutamente prohibido unirse por una constitución religiosa inconmovible, que públicamente no debe ser puesta en duda por nadie, aunque más no fuese durante lo que dura la vida de un hombre, y que aniquila y torna infecundo un período del progreso de la humanidad hacia su perfeccionamiento, tornándose, incluso, nociva para la posteridad. Un hombre, con respecto a su propia persona y por cierto tiempo, puede dilatar la adquisición de una ilustración que está obligado a poseer; pero renunciar a ella, con relación a la propia persona, y con mayor razón aún con referencia a la posteridad, significa violar y pisotear los sagrados derechos de la humanidad. Pero lo que un pueblo no puede decidir por sí mismo, menos lo podrá hacer un monarca en nombre del mismo. En efecto, su autoridad legisladora se debe a que reúne en la suya la voluntad de todo el pueblo. Si el monarca se inquieta para que cualquier verdadero o presunto perfeccionamiento se concilie con el orden civil, podrá permitir que los súbditos hagan por sí mismos lo que consideran necesario para la salvación de sus almas. Se trata de algo que no le concierne; en cambio, le importará mucho evitar que unos a los otros se impidan con violencia trabajar, con toda la capacidad de que son capaces, por la determinación y fomento de dicha salvación. Inclusive se agravaría su majestad si se mezclase en estas cosas, sometiendo a inspección gubernamental los escritos con que los súbditos tratan de exponer sus pensamientos con pureza, salvo que lo hiciera convencido del propio y supremo dictamen intelectual con lo cual se prestaría al reproche = Caesar non est supra grammaticos o que rebajara su poder supremo lo suficiente como para amparar dentro del Estado el despotismo clerical de algunos tiranos, ejercido sobre los restantes súbditos.
Luego, si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero en una época de ilustración. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción. Sin embargo, ahora tienen el campo abierto para trabajar libremente por el logro de esa meta, y los obstáculos para una ilustración general, o para la salida de una culpable minoría de edad, son cada vez menores. Ya tenemos claros indicios de ello. Desde este punto de vista, nuestro tiempo es la época de la ilustración o "el siglo de Federico".
Un príncipe que no encuentra indigno de sí declarar que sostiene como deber no prescribir nada a los hombres en cuestiones de religión, sino que los deja en plena libertad y que, por tanto, rechaza al altivo nombre de tolerancia, es un príncipe ilustrado, y merece que el mundo y la posteridad lo ensalce con agradecimiento. Al menos desde el gobierno, fue el primero en sacar al género humano de la minoría de edad, dejando a cada uno en libertad para que se sirva de la propia razón en todo lo que concierne a cuestiones de conciencia moral. Bajo él, dignísimos clérigos sin perjuicio de sus deberes profesionales pueden someter al mundo, en su calidad de doctos, libre y públicamente, los juicios y opiniones que en ciertos puntos se apartan del símbolo aceptado. Tal libertad es aún mayor entre los que no están limitados por algún deber profesional. Este espíritu de libertad se extiende también exteriormente, alcanzando incluso los lugares en que debe luchar contra los obstáculos externos de un gobierno que equivoca sus obligaciones. Tal circunstancia constituye un claro ejemplo para este último, pues tratándose de la libertad, no debe haber la menor preocupación por la paz exterior y la solidaridad de la comunidad. Los hombres salen gradualmente del estado de rusticidad por propio trabajo, siempre que no se trate de mantenerlos artificiosamente en esa condición.
He puesto el punto principal de la ilustración es decir, del hecho por el cual el hombre sale de una minoría de edad de la que es culpable en la cuestión religiosa, porque para las artes y las ciencias los que dominan no tienen ningún interés en representar el papel de tutores de sus súbditos. Además, la minoría de edad en cuestiones religiosas es la que ofrece mayor peligro: también es la más deshonrosa. Pero el modo de pensar de un jefe de Estado que favorece esa libertad llega todavía más lejos y comprende que, en lo referente a la legislación, no es peligroso permitir que los súbditos hagan un uso público de la propia razón y expongan públicamente al mundo los pensamientos relativos a una concepción más perfecta de esa legislación, la que puede incluir una franca crítica a la existente. También en esto damos un brillante ejemplo, pues ningún monarca se anticipó al que nosotros honramos.
Pero sólo alguien que por estar ilustrado no teme las sombras y, al mismo tiempo, dispone de un ejército numeroso y disciplinado, que les garantiza a los ciudadanos una paz interior, sólo él podrá decir algo que no es lícito en un Estado libre: ¡razonad tanto como queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced! Se muestra aquí una extraña y no esperada marcha de las cosas humanas; pero si la contemplamos en la amplitud de su trayectoria, todo es en ella paradójico. Un mayor grado de libertad civil parecería ventajoso para la libertad del espíritu del pueblo y, sin embargo, le fija límites infranqueables. Un grado menor, en cambio, le procura espacio para la extensión de todos sus poderes. Una vez que la Naturaleza, bajo esta dura cáscara, ha desarrollado la semilla que cuida con extrema ternura, es decir, la inclinación y disposición al libre pensamiento, ese hecho repercute gradualmente sobre el modo de sentir del pueblo (con lo cual éste va siendo poco a poco más capaz de una libertad de obrar) y hasta en los principios de gobierno, que encuentra como provechoso tratar al hombre conforme a su dignidad, puesto que es algo más que una máquina.

TALLER

Ilustración Kantiana (Kant: 1724-1804): el racionalismo trató de dar una visión coherente de la realidad mediante el uso de la razón, como sustituto de la unidad que antaño el hombre encontraba  en su fe.
¨ Ten  valor de servirte de tu propio entendimiento ¨  (Kant)

PARA DISCUTIR EN EL AULA LUEGO DE UNA LECTURA DEL TEXTO

RESPONDER:

1.       Según Kant, ¿Qué es la minoría de edad?
  1. ¿Qué significa y cómo salir de ella, si fuese posible?
  2. ¿Cuál es la divisa de la ilustración?
  3. ¿Qué significado toma en este texto, el esfuerzo propio, evitando hacer y pensar lo que mis tutores dicen que haga y piense?
  4. Qué significa cuando en el texto Kant expresa: ¨Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo  para servirse con independencia de él ¨.
  5. Qué es ¨pensar por sí mismo¨?
  6. ¿Por qué dice Kant, que es muy cómodo ser  ¨menor de edad¨?
  7. ¿Se puede  ¨atontar¨ a  los hombres, como se atontan los animales?
  8. Cuál es el papel que ejerce la cuestión religiosa en cuanto a la ¨salida de la minoría de  edad¨ del hombre, de la que es culpable.
  9. ¿Puede un hombre renunciar a la ilustración?
  10. Según este texto, ¿Qué significa ser obediente?
  11. Cuál es el significado de ¨Hacer uso público de la Razón¨?
  12. ¨Alguien que está ilustrado no teme a las sombras¨, según Kant. ¿Qué se quiere decir?
  13. Cuál es el significado de ¿¨Hacer uso privado de la Razón¨?
  14. ¿Qué criterio hay que usar para calificar un autor de ilustrado: Que haya vivido en el período que convencionalmente se conoce como la Ilustración, o que se refleje en su obra una actitud ilustrada?
  15. La Ilustración, ¿aún vigente?
  16. ¿Qué es un consenso en el disenso? (Habermas)
  17. ¨Ser ilustrado no es estar ligado a unos elementos de  doctrina sino  reactivar permanentemente la actitud crítica.¨ (Foucault)
  18. Argumente el siguiente texto: ¨El autogobierno, la parresía (decir verdad), el cuidado de sí y de los otros. Es decir,  la ilustración ha de ser asumida  como una ética, pero ésta no   es institucional, normativa ni racional sino particular y  singular, induce a los sujetos a construirse  a sí mismos, mediante prácticas que ellos tienen que inventar.¨ (William Cerón. Generación. Febrero 26 de 2006. Páginas 14-15).

domingo, 6 de julio de 2014

LA ILUSTRACIÓN





Objetivo: Exaltar la gran importancia, que para el desarrollo del pensamiento humano, tuvo la Ilustración. 

(El Iluminismo o época de las luces)

“La Razón es una fuerza radical que nos conduce al descubrimiento y garantía de la  verdad. Es un hacer. No un ser.”

Se desarrolla principalmente en Inglaterra, Francia y Alemania en el siglo XVIII.
Tiene como base los postulados establecidos por el Renacimiento y resulta de la confluencia de los movimientos: el empirismo y el racionalismo.
Todo ser humano es Razón. Se excluye a Dios, a la Iglesia.
Se asume la Razón como el único instrumento apto para responder a los problemas humanos y sociales; como arma por excelencia de crítica, como única pauta de juicio, como condición de legitimación de lo existente.
Las características  de la Ilustración, son:

  • Ilustra con la luz de la Razón, todos los problemas: pretende construir  las bases de una nueva sociedad, sobre las bases racionales, para que el hombre y la sociedad sean libres y dichosos.
  • Propone la universalidad de la cultura. Tiende a hacer  a la burguesía, la nueva clase dominante.
  • El interés se centra en el hombre.
  • El gran desarrollo de la imprenta, permite  la difusión del conocimiento.
  • Defiende la autonomía e independencia del individuo frente a los poderes sociales.
  • Logró grandes avances en el orden técnico y científico, al igual que en el campo económico, político y jurídico.
  • Logra su más alta expresión en el enciclopedismo. Es La Enciclopedia, un diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios, dirigido por Diderot (1713-1784). Colaboraron en esta empresa  Voltaire, Rousseau,  Montesquieu, proponiendo un nuevo método educativo, basado en los siguientes aspectos:
-   Eliminación  en el campo educativo de todo lo  sobrenatural y reducción de la religión a algo meramente racional, natural, terrenal y mundano.
Aceptación de la enseñanza de  lenguas modernas y  disciplinas técnico – científicas.
Necesidad de una escuela ¨laica¨, del Estado, ¨aconfesional¨, sustituyendo a la educación de tipo religioso.
- Se esboza por una instrucción dada por el Estado a todos los ciudadanos: todo ciudadano tiene derecho a la educación; el Estado debe abrir escuelas para el pueblo.
-   Naturaleza: amor a la naturaleza. Este hecho se concreta en el deseo de descubrir, mediante la aplicación de la razón y la observación, las leyes que la rigen.
Razón: fe constante en el poder de la razón humana. Durante la Ilustración llegó a pensarse que con uso juicioso de la razón sería posible un progreso ilimitado. La razón sirvió de guía para estudiar el funcionamiento de las leyes de la naturaleza, por consiguiente todo lo racional es bueno, y todo aquello que no conlleve a la razón es incorrecto.  Si el hombre quiere alcanzar el progreso el único camino es descubrir las leyes de la naturaleza y  actuar de acuerdo con ellas, dejando a un lado lo irracional.
La Igualdad: si todos los hombres proceden de la misma naturaleza y todos poseen la capacidad  de razonar, entonces todos los hombres son iguales  a la luz de la razón, con iguales derechos que deben ser respetados.
- La libertad: en cuestiones políticas, religiosas, económicas e intelectuales.

Las características fundamentales del movimiento educativo y pedagógico del Siglo XVIII, se pueden sintetizar como sigue:
  1.  Hay un desarrollo de la educación estatal.
  2.  La educación como un derecho y vía de participación del ciudadano en los asuntos del Estado.
  3. Educación primaria universal,  gratuita y obligatoria. 
  4. El hilo conductor teórico es el laicismo, que sustituye  la educación religiosa, por una formación moral y cívica, acentuada en la primacía de la Razón.
" La Razón es la fuerza  radical que nos conduce  al descubrimiento y garantía de verdad. Es un hacer. No un ser."

Ilustración francesa (Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot): se centró en las siguientes ideas:

  • Rebelión contra las Autoridades
  • Racionalismo
  • La idea de ¨ilustrar ¨
  • Optimismo cultural
  • Vuelta a la naturaleza
  • Cristianismo humanizado
  • Derechos Humanos
Hacía falta ilustrar a las grandes capas del pueblo, porque esta era la condición previa para una sociedad mejor. Se pensaba que la miseria y la opresión se debían a la ignorancia y a la superstición. Por lo tanto, había que tomarse muy en serio la educación  de los niños y del pueblo en general. No es una casualidad que  la pedagogía como ciencia, tenga sus raíces  en la Ilustración.
Se garantiza el derecho  del individuo a pensar libremente y a expresar sus ideas referentes a la religión, la moral y la ética. Además se luchó contra la esclavitud de los negros y a favor de un trato más humano a los delincuentes.

En Inglaterra:

La ilustración inglesa fue el resultado  de la combinación del empirismo de Locke y Berkeley, y el sistema científico de Newton. Sus principales figuras son: David Hume y Adam Smith.

En Alemania:

Alemania se incorpora al movimiento ilustrado  con cierto retraso con respecto a Inglaterra y a Francia. El pensamiento ilustrado alemán se centrará fundamentalmente en el análisis de los fundamentos y alcances de la razón.
La figura más significativa es sin duda, Immanuel Kant. En política, se puede decir que Alemania no es todavía un  país unificado en esta  época, sino un conjunto de pequeños estados.


TALLER REFLEXIVO 
:
Amigo Estudiante: Responda las  siguientes preguntas:

  1. Siguiendo los postulados de la Ilustración, ¿Cómo la libertad de pensamiento, de expresión, de opinión, etc.,  nos permite (mediante el uso de la Razón)  alcanzar el Desarrollo Humano, dando respuestas favorables a los problemas de la humanidad?
  2. Las ideologías, los fanatismos y todo lo posible dogmático, contrarias a la Razón, encuentran su negación, al menos teóricamente, a partir del iluminismo o ilustración (movimiento ilustrado). ¿Por qué, hoy en día, aún persisten? ¿Persisten?
  3. ¿Por qué la obligación del Estado a asumir la Educación de los ciudadanos, y cuál es la trascendencia e importancia de ésta?
  4. ¿Qué es el Enciclopedismo o La Enciclopedia? Exprese su importancia y su vigencia actual.
  5. Opine sobre el tema