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miércoles, 24 de septiembre de 2014

EL ACTO HUMANO




¿LA DAMA O EL TIGRE? [1]

¨Se dice que en la remota antigüedad vivió un rey semibárbaro que administraba justicia de un modo  a la vez espectacular y caprichoso. Para castigar los delitos especialmente graves había imaginado una singular ordalía. El acusado era conducido cierto día señalado a la arena de un circo en cuyas gradas se apretaba todo el pueblo reunido. Ante él había dos puertas. Tras una de ellas guardaba un tigre hambriento, el más fiero  que se había podido conseguir para la ocasión; tras la otra estaba una hermosa doncella atractiva y virginal. Sólo el rey conocía al inquilino que aguardaba en cada puerta. El reo debía elegir forzosa e inmediatamente una u otra de ellas: en ambos casos, su suerte estaba echada. Si aparecía la fiera, moría destrozado en pocos segundos; si salía la dama, debía desposarla sin dilación y con la mayor pompa, apadrinado por el propio monarca, derogándose cualquier matrimonio o compromiso que  pudiera antes haber contraído. Queda a gusto de cada uno determinar cuál era el destino más cruel…
En cierta ocasión, el criminal estaba acusado de un delito especialmente grave. Siendo un simple plebeyo, se había atrevido a cortejar en secreto a la hija única del rey  y ésta había correspondido apasionada y clandestinamente a su amor. Para su juicio en la arena fatídica, el bárbaro rey se esmeró especialmente en la búsqueda del más voraz de los tigres pero también seleccionó a la más deliciosa de las doncellas como alternativa. Convulsa, la princesa amante se vio lacerada por una doble angustia: a un lado ver al cuerpo tan querido y acariciado despedazado a zarpazos; en el otro, contemplar a su enamorado unido conyugalmente con una señorita preciosa, a cuyos encantos ella sabía bien que el joven culpable no era precisamente indiferente. Con ardides de mujer y arrogancias de princesa, logró enterarse de cuál era la puerta que en la arena correspondía a cada uno de ambos indeseados destinos. El muchacho apareció sobrecogido en el circo, abrumado  por la expectación de la multitud.
También él conocía el íntimo dilema de su amada  y desde el ruedo le lanzó una mirada de súplica: “¡Solo tú  puedes salvarme!” Con gesto discreto pero inequívoco, la princesa señaló la puerta de la derecha. Y por ella optó sin vacilar el condenado.
(…) ¿Quién salió por la puerta abierta… la dama o el tigre?¨

Dice Savater[2]: ¨La acción no es una capacidad optativa de los humanos, sino una necesidad esencial de la que depende nuestra supervivencia como individuos y como especie. Se puede elegir cómo y cuándo  actuar; pero es forzoso actuar: ahí no hay elección posible. No estamos determinados  ni programados instintivamente de tal modo que podamos  dispensarnos de actuar ¨.
Al ¨hombre Dios lo ha creado sin lugar propio, como una pieza móvil entre figuras  encapsuladas, tan capaz de ascender  hacia lo alto como de descender hasta lo más bajo, es decir, capaz de actuar¨.[3]
Ratificando lo anterior, nos trae el autor citado anteriormente, un fragmento de Giovanni Pico della Mirandola, el cual dice: ¨  ¨ No te di, Adán, ni un puesto determinado  ni un aspecto propio ni función alguna  que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y  conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros  se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar  desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que – casi libre y soberano artífice de ti mismo – te plasmaras y te esculpieras  en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas  inferiores que son los brutos; podrás  - de acuerdo con la decisión  de tu voluntad -  regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas. ¨



Amigo Estudiante:

·        Participe en el foro expresando tu punto de vista acerca de la expresión lanzada por el condenado a la princesa amada: “¡Solo tú puedes salvarme!”
·        ¿Qué es el Acto Humano (diferéncielo del animal)?
·        ¿Qué es la Capacidad de Elegir?
·        ¿Cuál es el Valor de Elegir?


[1] Savater, Fernando. El Valor de Elegir. Ariel. Barcelona, 2004. Pág. 41
[2] (Ibid. Pág.31)
[3] Ibid, pág. 26

LÓGICA INFORMAL



Objetivo: Diferenciar en las lógica formal e informal, su intención y orientación (ideológica).
LÓGICA FORMAL Y LÓGICA INFORMAL
(Según Perelman[1])
Para abordarnos en  este tema, es necesario hacer una distinción entre lengua artificial y lengua natural.
Se considera como lengua artificial, aquella  en ¨que cada signo  tenga uno y solamente un sentido, al igual que cada expresión bien construida¨, permitiendo eliminar los equívocos, ambigüedades y controversias, que son difícilmente evitables en la lengua natural.
El objetivismo al cual se  hace alusión, presupone que la lógica moderna (formal) no se ocupa más que de propiedades objetivas, verdad, falsedad, probabilidad, necesidad, etc., independientes de la actitud de los hombres, de lo que piensan o lo que creen.
Cada sistema formal será, limitado  en sus posibilidades de expresión y de demostración, de suerte que,  una lengua artificial dada, no permite decirlo todo; un conjunto de axiomas y de reglas de deducción dado, debe admitir, al menos si el sistema es coherente, la existencia de proposiciones indecidibles, es decir, de demostraciones que no puedo demostrar ni negar.
Una lengua natural es un instrumento de comunicación, en principio universal.
Ella debe ser capaz de comunicar no importa cuál idea.
(…) La posibilidad de acordar a una misma expresión múltiples sentidos, en ocasiones enteramente nuevos,  de recurrir a metáforas, a interpretaciones controvertidas, está ligado a las condiciones de empleo del  lenguaje natural. El hecho de que esto conduzca a menudo a nociones confusas, que dan lugar a múltiples interpretaciones, a varias definiciones, nos obliga muchas veces a efectuar  elecciones, decisiones que no necesariamente coinciden. De allí la obligación tan frecuente de justificar estas elecciones, de explicar tales decisiones.   
Lógica Formal: cuando la  lógica formal es la lógica de la demostración, la lógica informal es la de la argumentación. Cuando la demostración es correcta o incorrecta,  valorada en el primer caso y sin valor en el segundo,  los argumentos son más o menos fuertes, más o menos pertinentes, más o menos convincentes. En la argumentación no se trata de  de mostrar, como en la demostración, que una cualidad objetiva, como la verdad,  pase de las premisas a la conclusión, sino si es permitido admitir  el carácter razonable, aceptable de una decisión, a partir de  lo que el auditorio admite ya, a partir de  tesis a las cuales adhiere con intensidad suficiente. El discurso persuasivo apunta, a una transferencia de adhesión de una cualidad subjetiva que puede variar  de espíritu a espíritu.
En un sistema formal  los axiomas nunca  son objeto de discusión; son considerados verdaderos, objetivamente  o por convención.
No es así en la argumentación, donde el punto de partida debe ser admitido por el auditorio que se quiere persuadir o convencer con su discurso.
La lógica informal, al apoyarse sobre hechos,  principios, opiniones, lugares y valores admitidos por el auditorio, es necesariamente situada, y por esto no puede pretender la objetividad de la lógica formal.
La eficacia (de una argumentación)  de un discurso persuasivo no basta para  garantizar su valor. Como la eficacia es función del auditorio,  la mejor argumentación es aquella que podría convencer al auditorio más  exigente, más crítico, mejor informado, como sería aquel constituido por los dioses o por la razón divina. Es así que la argumentación filosófica se presenta como un llamado a la razón, que se traduce  como a aquel que se dirige al auditorio universal.
Una argumentación racional se caracteriza por una intención de universalidad, que aspira a convencer, es decir, a persuadir un auditorio, que en el espíritu del filósofo, encarna la razón. Mientras que una demostración  formal es válida,  en la medida en que ella es  conforme a criterios puramente formales, no se puede hablar de validez de una argumentación  en un razonamiento no formal.
En efecto, una argumentación nunca es exclusiva pues permite siempre una argumentación en sentido opuesto. De allí el principio fundamental del  procedimiento judicial según el cual el hecho siempre implica la parte contraria.


 
                                                        LA ARGUMENTACIÓN:
Su enfoque lo haremos a partir de estos poemas de Octavio Armand.

Octavio Armand
(Cuba, 1946,…)


Espejo
Para Mark Strand


Al traducirte -al repetirte- me di cuenta
de tu soledad y de la mía. La repetición me
separaba de ti y te separaba a ti de ti mismo.
La repetición es siempre un hueco. Como las
púas del erizo, que amparan al mar de su
propio fondo. Porque ahí, en su propio fondo,
mar o Mark no es más que erizo, tú no es más
que yo; hueco: eco: un vacío insostenible.


NY/17 de septiembre 1976

Octavio Armand


Cómo escribir con erizo (1)


(…)

Censura y autocensura borran el discurso antes o después de la enunciación, borran el texto antes o después de la escritura. Pueden, también, ser desplazamiento simultáneo en la linealidad: efectos en la causa. El orden es la orden. Lo dicho se reduce a lo que se iba decir y lo que se iba a decir se reduce a lo indecible: una mudez como de objeto que no obstante y por ello mismo permite comprobar la materialidad del discurso. La lengua como algo que se abría ante la posibilidad de decir y decirse queda entonces cerrada pero mejor definida, como mar ya contra la orilla. Poder e impotencia, así, confabulan una escritura trazada exactamente sobre otra escritura, sólo que exactamente al revés. Esos mismos signos, esa misma línea, pero también anulados. La negación, aquí, como un espejo pegado a los ojos. Ni ceguera ni falta de formas: exactitud de la mirada y lo mirado donde desaparecen la mirada y lo mirado. El ojo como tautología. En t; a negación el ojo es una totalidad retesada por su propio impulso, pv ¿s no le falta mirada sino que la lanza reteniéndola. La mirada es el párpado y el párpado es lo que no se puede ver cuando está, como el espejo, en la mirada.

Entonces ¿qué significa? Lo que quiere decir. ¿Qué quiere decir? Lo que no dice. ¿Qué no dice? Lo que ha dicho. La negación se da como estricta redundancia y la censura enaltece al discurso tanto como el diccionario a los vocablos, solo que definiendo por tachaduras. El diccionario da relieve; la censura ahueca, pero permanece latente, como ausencia de hueco, lo censurado. La indecible es lo que falta en lo que se iba a decir y lo que se iba es lo que falta en lo dicho, que es nada.




Cómo escribir con erizo (2)

Pero la imagen de una mano empuñando un erizo sugiere la derrota
de la escritura como disponibilidad. El sentido, aquí, es lo sentido y lo sentido
se agota exclusivamente en la mano, como tortura de la
materia que se desplomaba para extenderse. En la palma de la mano,
donde ya había un lenguaje, se inscriben otros signos: la mano es lo
manchado, no la página. Perforada/ herida: la mano resume lo que
tenía que decir: es lo que tenía que decir. Otra tautología, pero como
apogeo de aquello que impulsa a decir, de todo aquello que inclina
hacia la expresión. Y la expresión, en sí, en este caso, ¿qué rasgos
deja? ¿Qué huellas hay de la vulnerabilidad ya asumida satánicamente?
Con el erizo la mano traza simultáneamente un mismo signo y una
pululación de signos que debiendo ser un solo signo repetido no
aciertan a afirmar su identidad sino en la dispersión, en el desear-
pajo. Un signo o quizá ninguno rodeado/ repetido por garabatos/
asomos/ indicios de una escritura que se va de las manos. Vaciar
el signo rebasándolo. Lo indecible, aquí, es lo que se dice sin que
nada lo diga. Es el signo que prescinde de su propia significación al
asumir su autonomía. La línea borrada por la censura borrada aquí
también: no como ausencia de hueco sino como la caída de un hueco
en otro hueco. Se trata de un exceso insuficiente. Pero el dolor de
la mano que ha escrito es el dolor de la mano que iba a escribir y
los signos trazados por las púas son espejos confrontados. Además,
queda el erizo. Y no se ha aclarado si estaba o no estaba vivo
ese erizo; si la mano, al mover las púas, movía lo que se movía, escribía
lo que se escribía.

ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Estás solo. O ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Tu sombra te repite. ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Tu nombre te repite. ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Te repiten tus palabras. JO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Tus silencios. SPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Tus gestos, tu cara como piedra, te repiten. EJO ESPEJO ESPEJO
Te repite el espejo enredado en el peine. ESPEJO ESPEJO ESPEJO
La almohada atravesada por tus sueños. JO ESPEJO ESPEJO
La lluvia disolviéndote. JO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
La risa o el llanto. ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
La mujer como una orilla entre tus manos. ESPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Te repiten las puertas al dejarte pasar. ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Te repetirá la puerta cerrada al dejarte pasar. ESPEJO ESPEJO
Las paredes que derrumbas te repiten. EJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Los escombros que te cubren te repiten. O ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Si gritas, el grito te repetirá como la noche. O ESPEJO ESPEJO
Si no gritas, la desesperación te repetirá SPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO E hasta los huesos. ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Esos huesos donde cuelgas te repiten. EJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Toda tu vida te repite. EJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Pero el asesino repetiría toda tu vida. O ESPEJO ESPEJO ESPEJO
Estás solo, estás solo. EJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO
ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO ESPEJO

Contrastando (¿?) lo anterior, podríamos decir que:
¨Cuando una proposición es sugerida por otra o por la situación, hay argumentación; hay demostración cuando todo lo que hace  de modo tal que la conclusión se imponga está especificado y vuelve necesaria esta conclusión.
La lógica no autoriza  ninguna ambigüedad, y la univocidad constituye su regla.
El discurso formal no se dirige a nadie  porque se considera  que se dirige a todo el mundo.
Goza de una evidencia  que sería irracional o loco poner en cuestión.
La argumentación se la define como el esfuerzo de convicción. La dimensión argumentativa sería esencial al lenguaje  en cuanto  a que todo discurso  busca persuadir a aquel a quien se le dirige.
En el lenguaje formal no se le deja alternativa  a las proposiciones contradictorias del sistema.
La argumentación depende de la teoría de la interrogación. ¿Qué es un argumento sino un parecer respecto de una pregunta/cuestión? Plantear una cuestión -lo cual es propio del discurso- es argumentar ¨. (Lógica, Lenguaje y argumentación. Meyer. Página 168 – 169)
Dice Perelman que lo  que ¨abarca todo el campo del discurso que apunta a convencer  y a persuadir, cualquiera que fuese el auditorio al que se dirija  y sea cual fuere la materia a la que se refiera¨.


[1] Perelman, Chaims. Lógica formal y lógica informal. Praxis Filosófica. Nº. 25. Universidad del Valle. Julio Diciembre 2007. Páginas 139-144