LA
VISIÓN CIENTÍFICA ACERCA DEL ORIGEN DEL UNIVERSO
EL GRAN DISEÑO
(STEPHEN HAWKING Y LEONARD MLODINOW)
El Misterio del Ser
Cada uno de nosotros existe un tiempo muy breve, y en dicho intervalo tan
sólo explora una parte diminuta del universo. Pero los humanos somos una
especie marcada por la curiosidad. Nos preguntamos, buscamos respuestas.
Viviendo en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la inmensidad del
firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una multitud de
preguntas. ¿Cómo podemos comprender el
mundo en que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la
naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el universo un creador?
La mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose
por esas cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún
instante.
Tradicionalmente, ésas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no
se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en
particular de la física. Los científicos se han convertido en los
portadores de la antorcha del
descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento. El objetivo de este libro
es proporcionar las respuestas sugeridas
por los descubrimientos y los progresos teóricos recientes, que nos conducen a una nueva imagen del
universo y nuestro lugar en él, muy diferente de la tradicional, e incluso de
la imagen que nos habíamos formado hace
tan sólo una o dos décadas. Aún así, los primeros bosquejos de esos nuevos
conceptos se remontan a hace casi un
siglo.
Según la concepción tradicional del
universo, los objetos se mueven a lo
largo de caminos bien definidos y tienen historias bien definidas. Podemos
especificar sus posiciones precisas en cada instante. Aunque esa descripción es suficientemente
satisfactoria para los propósitos cotidianos, se descubrió en la década de 1920 que esta “imagen” clásica no podía
describir el comportamiento
aparentemente extraño observado a escala atómica y subatómica de la existencia.
Fue necesario adoptar, en su lugar, un marco diferente, denominado física
cuántica.
Las teorías cuánticas han resultado ser notablemente precisas en la
predicción de acontecimientos a dichas
escalas, y también reproducen las
predicciones de las viejas teorías clásicas cuando son aplicadas al mundo
macroscópico de la vida corriente. Pero la física clásica y la cuántica están
basadas en concepciones de la realidad
física muy diferentes.
Las teorías cuánticas pueden ser formuladas
de muchas maneras diferentes, pero la descripción probablemente más
intuitiva fue elaborada por Richard (Dick) Feynman (1918-1988), todo un
personaje, que trabajó en el Instituto
Tecnológico de California y que tocaba los bongos en una sala de fiestas de
carretera. Según Feynman, un sistema no tiene una sola historia, sino todas las
historias posibles. Cuando profundicemos en las respuestas, explicaremos la
formulación de Feynman con detalle y la utilizaremos para explorar la idea que el propio universo
no tiene una sola historia, ni tan siquiera una existencia independiente. Eso
parece una idea radical, incluso a muchos físicos. En efecto, como muchas otras
nociones de la ciencia actual, parece violar el sentido común. Pero el sentido
común está basado en la experiencia cotidiana y no en el universo tal como nos
lo revelan las maravillas tecnológicas,
que nos permiten observar la profundidad de los átomos o el universo primitivo.
Hasta la llegada de la física
moderna se acostumbraba a pensar que todo el conocimiento sobre el mundo podía
ser obtenido mediante observación
directa, y que las cosas son lo que parecen, tal como las percibimos a través
de los sentidos. Pero
los éxitos espectaculares de la física moderna, que está basada en
conceptos, como por ejemplo los de Feynman, que chocan con la experiencia
cotidiana, han demostrado que no es así.
Por lo tanto, la visión ingenua de la
realidad no es compatible con la física moderna. Para tratar con esas
paradojas, adoptaremos una posición que denominamos “realismo dependiente del
modelo”, basada en la idea de que nuestros
cerebros interpretan los datos de los órganos sensoriales elaborando un modelo
del mundo. Cuando el modelo explica satisfactoriamente los acontecimientos
tendemos a atribuirle, a él y a los elementos
y conceptos que lo integran, la calidad de realidad o verdad absoluta.
Pero podría haber otras maneras de
construir un modelo de la misma situación física, empleando en cada una de
ellas conceptos y elementos
fundamentales diferentes. Si dos de esas teorías o modelos predicen con
exactitud los mismos acontecimientos, no podemos decir que uno sea más real que
otro, y somos libres para utilizar el
modelo que nos resulte más conveniente.
En la historia de la ciencia hemos ido descubriendo una serie de teorías o
modelos cada vez mejores, desde Platón a la teoría clásica de Newton
y a las modernas teorías cuánticas. Resulta natural preguntare si esta serie
llegará finalmente a un punto definitivo, una teoría última del universo que
incluya todas las fuerzas y prediga cada una de las observaciones que podamos
hacer o si, por el contrario, continuaremos descubriendo teorías cada vez
mejores, pero nunca una teoría definitiva que ya no pueda ser mejorada.
Por el momento, carecemos de respuesta a esta pregunta, pero conocemos una candidata a teoría
última de todo, si realmente existe tal
teoría, denominada teoría M. La teoría M es el único modelo que posee todas
las propiedades que creemos debería poseer la teoría final, y es la teoría
sobre la cual basaremos la mayor parte de las reflexiones ulteriores.
La teoría M no es una teoría en el
sentido habitual del término, sino toda una familia de teorías distintas, cada
una de las cuales proporciona una buena descripción de las observaciones pero
sólo en un cierto dominio de situaciones físicas. Viene a ser como un mapamundi: como es bien
sabido, no podemos representar la superficie de la Tierra en un solo mapa. La
proyección Mercator utilizada habitualmente en los mapamundis hace que las
regiones del mundo parezcan tener áreas cada vez mayores a medida que se
aproximan al norte y al sur, y no cubre los polos Norte o Sur. Para representar
fielmente toda la Tierra se debe utilizar una colección de mapas, cada uno de
los cuales cubre una región limitada.
Los mapas se solapan entre sí y, donde lo hacen, muestran el mismo paisaje. La
teoría es parecida a eso.
Las diferentes teorías que constituyen
la familia de la teoría M pueden parecer muy diferentes, pero todas
ellas pueden ser consideradas como aspectos de la misma teoría subyacente. Son versiones
de la teoría aplicables tan sólo en dominios limitados, por ejemplo cuando
ciertas magnitudes como la energía son pequeñas. Tal como ocurre con los mapas
que se solapan en una proyección Mercator, allí donde los dominios de validez
de las diferentes teorías se solapan, éstas predicen los mismos fenómenos. Pero así como
no hay ningún mapa plano que
represente bien el conjunto de la superficie terrestre, tampoco hay una teoría que
proporciones por sí sola una buena representación de las observaciones físicas
en todas las situaciones.
Describiremos cómo la teoría M puede ofrecer respuestas a la pregunta de la creación. Según las predicciones de la teoría M,
nuestro universo no es el único, sino que muchísimos otros universos fueron
creados de la nada. Su creación, sin embargo, no requiere la intervención de
ningún Dios o Ser Sobrenatural, sino que dicha multitud de universos surge
naturalmente de la ley física: son una predicción científica. Cada universo
tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles en instantes
posteriores, es decir, en instantes como el actual, transcurrido mucho tiempo
desde su creación. La mayoría de tales estados será muy diferente del universo que observamos y resultará
inadecuada para la existencia de cualquier forma de vida. Solo unos pocos de
ellos permitirían la existencia de criaturas
como nosotros. Así pues, nuestra
presencia selecciona de este
vasto conjunto sólo aquellos universos
que son compatibles con nuestra
existencia. Aunque somos pequeños e insignificantes a escala cósmica, ello nos
hace en un cierto sentido señores de la creación.
Para comprender el universo al nivel más profundo, necesitamos saber no tan
sólo cómo
se comporta el universo, sino también por qué.
¿Por qué hay algo en lugar de no
haber nada?
¿Por qué existimos?
¿Por qué este conjunto particular de
leyes y no otro?
Esta es la cuestión última de la vida, el universo y el Todo: Intentaremos
responder en este libro. A diferenciad e la respuesta ofrecida en la Guía de la galaxia, de Hitchhiker,
nuestra respuesta no será, simplemente “42”
(Tomado de EL GRAN DISEÑO por Stephen Hawking y Leonard Mlodinow. CRÍTICA.
Barcelona. Noviembre de 2010. Páginas 11
a 16)
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