Vistas de página en total

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA RESPONSABILIDAD Y EL RESPETO DE SER HOMBRE


Para abordar el tema referido, nos apoyaremos en el texto citado posteriormente. 

Objetivo: Determinar e interiorizar los conceptos de Responsabilidad y Respeto, para consigo mismo, los demás y la naturaleza, a través de la reflexión de los hechos sucedidos y expresados en el texto (fragmento) “Tierra de Hombres” del escritor francés Antoine de Saint Exúpery (el mismo autor de “El Principito”): 1. ¿Qué responsabilidades tengo para conmigo mismo? 2. ¿Qué responsabilidades tengo para con los demás? 3. ¿Qué responsabilidades tengo para con la naturaleza?

NOTA ACLARATORIA: la presente actividad puede ser realizada con ayuda de los familiares y/o acudientes de los estudiantes, para lograr así una mayor y mejor comprensión y debe ser presentada en hojas de block, siguiendo las normas de los trabajos escritos.

Texto – fragmento de “Tierra de Hombres”:

(…) “Guillaumet: diría algunas palabras de ti, pero apenas te molestaré si insisto sobre tu coraje o sobre tu valor profesional. Otra cosa es lo que quisiera describir al narrar la más bella de tus aventuras.
(…) Frente a una mala tempestad juzgas: “He aquí una mala tempestad.” La aceptas y la mides.
Habías desaparecido desde hacía unas cincuenta horas, en invierno, durante el transcurso  de una travesía de los Andes. Volviendo de lo hondo de la Patagonia me uní al piloto Deley en Mendoza. Ambos, durante cinco días, registramos, en avión, ese amontonamiento de montañas pero sin descubrir nada. Nuestros dos aparatos apenas bastaban. Nos parecía que cien cuadrillas, navegando durante cien años, no hubiesen acabado de explorar ese enorme macizo cuyas crestas se elevan hasta siete mil metros. Habíamos perdido toda esperanza.
(…) Cuando Deley y yo aterrizamos en Santiago, también los oficiales chilenos nos aconsejaban suspender nuestras exploraciones. “Es invierno. Vuestro camarada, aun si ha sobrevivido a la caída, no ha sobrevivido a la noche. Allá arriba cuando la noche pasa sobre el hombre lo transforma en hielo.”
(…) Finalmente, al cabo del séptimo día, mientras almorzaba, entre dos travesías, en un restaurante de Mendoza, un hombre empujó la puerta y gritó: Guillaumet, está vivo. Y todos los desconocidos  que se hallaban allí se abrazaron.
(…) Fue un hermosos encuentro; todos llorábamos y te aplastábamos en nuestros brazos, vivo, resucitado, autor de tu propio milagro. Es entonces cuando expresaste y esa fue tu primera frase inteligible, un admirable orgullo de hombre: “Lo que hice, te lo juro, ningún animal lo hubiera hecho.”
Más tarde nos contaste el accidente. (…) “Cuando abandoné el avión la tempestad me derribó. Me puse de pie y otra vez me derribó. Me vi obligado a deslizarme  bajo la carlinga y a cavar un abrigo en la nieve. Me envolví con las bolsas postales y durante cuarenta y ocho horas esperé. “Después de lo cual, una vez aplacada la tempestad me puse en marcha. Caminé cinco días y cuatro noches.” (…)
“En la nieve me decías, se pierde todo instinto de conservación. Después de dos, tres o cuatro días de marcha sólo se desea el sueño. Yo lo deseaba, pero me decía: si mi mujer cree que vivo, cree que camino. Los compañeros creen que camino. Todos tiene confianza en mí y soy un canalla si no camino.”

Y tú caminabas y con la punta del cortaplumas rebanabas, cada día un poco  más, el empeine de tus zapatos para que tus pies que se helaban  y se hinchaban resistiesen.
Me hiciste esta extraña confidencia: “ A partir del segundo día, ya ves, mi mayor trabajo fue impedirme pensar. Sufría demasiado y mi situación era demasiado desesperada. Para tener el valor de caminar no debía considerarla.” (…)
“He hecho lo que he podido y ya no tengo esperanzas, ¿por qué obstinarme en este martirio?” Te bastaba cerrar los ojos para lograr la paz en el mundo. Para borrar del mundo las rocas, los hielos y las nieves. Apenas cerradas esas milagrosas pupilas ya no habría ni golpes, ni caídas, ni músculos desgarrados, ni quemantes hielos, ni ese peso de la vida que hay que arrastrar cuando uno va  como un buey y que se vuelve más pesado que un carro.
(…) Adiviné el fin por muchas señales. He aquí una de ellas. Estaba obligado a detenerme cada dos horas o menos para abrir un poco más mis zapatos, friccionar de nieve mis pies que se hinchaban o, simplemente, para que reposase mi corazón. Pero hacia los últimos días perdí mi memoria. Bastante tiempo después de haber reemprendido la marcha me daba cuenta, súbitamente, que  había olvidado, cada vez, algo. La primera vez un guante. ¡Lo que era grave por el frío! Lo había colocado delante de mí y había partido sin recogerlo. Luego fue mi reloj. Más tarde mi cortaplumas. Seguidamente mi brújula. En cada etapa me empobrecía.
“Lo que salva es dar un paso. Otro paso más. El siempre el mismo paso que se vuelve a dar…”
“Lo que hice, te lo juro, ningún animal lo hubiera hecho.”
(…) “Privado e alimento, ya te imaginas que al tercer día de marcha… mi corazón no andaba muy bien… ¡Pues mira! Mientras ascendía una pendiente vertical, suspendida por encima del vacío, cavando agujero para acomodar mis puños, he aquí que mi corazón se descompone. Titubea, vuelve a andar. Late3 caprichosamente. Si titubea un segundo más yo abandono. No me muevo y escucho en mí. Nunca – ¿Me entiendes? – nunca en mi avión me he sentido tan cerca de mi motor, como me sentí durante esos pocos minutos, pendiente de mi corazón. Yo me decía: ¡Vamos, un esfuerzo más! Trata de latir un poco más… ¡Pero era un corazón de buena calidad! Titubeaba, luego volvía a comenzar nuevamente… ¡Si supieras que orgulloso estaba de ese corazón!”
(…)
El coraje de Guillaumet, ante todo, es un efecto de rectitud.
Su verdadera calidad no reside allí. Su grandeza es de sentirse responsable. Responsable de él, del correo y de los camaradas que lo esperan. Tiene en sus manos las penas y alegrías de ellos. Responsable de lo que se construye de nuevo, allá entre los vivos, y en lo cual debe participar. Responsable un poco, del destino de los hombres en la mediad e su trabajo.
(…)
Ser hombre es, precisamente, ser responsable. Es conocer la vergüenza frente a una miseria que no parece depender de uno.
El siguiente vídeo, inicia uun acercamiento a lo propuesto:




OBSERVACIONES:

Amigo Estudiante: para ser presentado en hojas de block y con las normas de trabajo escrito y con la colaboración de personas mayores, logrando así una mejor comprensión del tema en referencia, en noviembre 10.

No hay comentarios:

Publicar un comentario